El Congreso de la Ciudad de México analiza una iniciativa para crear el Banco de Alimentos de la Ciudad de México, propuesta que busca atender simultáneamente el problema del desperdicio alimentario y la carencia nutricional que enfrenta una parte de la población. La diputada María del Rosario Morales Ramos presentó la reforma ante el pleno el 26 de febrero, argumentando que diariamente se generan 964 toneladas de residuos de alimentos en la capital.
La legisladora propuso reformar el Artículo 3 y adicionar el Artículo 9 Bis de la Ley para la Donación Altruista de Alimentos de la Ciudad de México, a fin de establecer las bases jurídicas para la creación, organización y funcionamiento del Banco de Alimentos, el cual sería operado por el Gobierno local.
Desde la tribuna del Recinto Legislativo de Donceles, Morales Ramos sostuvo que el objetivo central es canalizar, de manera oportuna, alimentos que actualmente se desperdician hacia comedores comunitarios, albergues, refugios y otros espacios de atención social. La propuesta contempla la coordinación de esfuerzos entre organizaciones civiles, empresas, productores y voluntariado.
De acuerdo con datos del Inventario de Residuos Sólidos de la Ciudad de México —referido en la exposición de motivos—, en la capital se generan diariamente 964 toneladas de residuos alimentarios. Paralelamente, alrededor de 15 por ciento de la población enfrenta alguna forma de carencia alimentaria, lo que evidencia una brecha estructural entre disponibilidad y acceso efectivo a alimentos.
Entre los principales puntos de desperdicio se encuentran mercados públicos, tianguis, centrales de abasto y establecimientos comerciales. Tan sólo en la Central de Abasto se generan más de 400 toneladas diarias de residuos alimentarios, principalmente frutas y hortalizas, muchos de los cuales aún se encuentran en condiciones aptas para consumo humano.
La iniciativa plantea que el Banco de Alimentos opere como un órgano desconcentrado de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social de la Ciudad de México, con el mandato de garantizar acceso a alimentos en condiciones de calidad, suficiencia y dignidad para personas en situación de vulnerabilidad. Según la promovente, esto permitiría consolidar una política alimentaria integral y reducir el impacto ambiental derivado del desperdicio.
No obstante, el planteamiento también abre el debate sobre la viabilidad operativa y presupuestal del nuevo organismo, así como su coordinación con esquemas ya existentes de donación y recuperación de alimentos. Especialistas han advertido en otros contextos que la creación de nuevas estructuras administrativas requiere claridad en reglas de operación, trazabilidad sanitaria y mecanismos de transparencia para evitar duplicidades y garantizar resultados medibles.
Al concluir la presentación, la Presidencia de la Mesa Directiva informó que la propuesta fue turnada a las Comisiones Unidas de Desarrollo Rural, Abasto y Distribución de Alimentos, y de Desarrollo Económico, donde será analizada y dictaminada conforme al proceso legislativo.
La discusión se inscribe en un contexto de creciente presión por fortalecer la seguridad alimentaria urbana y reducir la huella ambiental de los residuos sólidos. De aprobarse, el Banco de Alimentos de la Ciudad de México representaría un nuevo instrumento institucional para enfrentar un problema que combina dimensiones sociales, económicas y ambientales.












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